miércoles, 7 de abril de 2010

Robin Hood ataca de nuevo



Sé que muchos de ustedes llevan semanas sin pegar ojo pensando qué habrá sido de la campaña Robin Hood Tax, de la que hablamos hace unos días en este púlpito. Les comprendo. Pues bien, éste es el fin de sus desvelos: lean en el blog de Duncan Green una puesta al día completa, facilitada por el equipo de Oxfam Gran Bretaña que coordina este trabajo. Les adelanto que las noticias son más que esperanzadoras.

Y, ya que estamos solos, debo hacerles un confesión: he simpatizado desde el principio con esta campaña por su ingenio, su oportunidad, su capacidad para ofrecer ideas refrescantes en el debate sobre la financiación del desarrollo (aunque me sigue inquietando la falta de detalles sobre la aplicación de la propuesta) y, naturalmente, su potencial para generar recursos (recuerden: más de 400.000 millones de dólares). Pero nunca he tenido demasiadas esperanzas de que saliese adelante. La absoluta desvergüenza que han exhibido los bancos, las instituciones financieras y los países ricos durante esta crisis no dejaba mucho margen para el optimismo. Como en ocasiones anteriores, los que provocaron el cataclismo fueron los principales beneficiados de las medidas de rescate, y hoy trasladan a terceros el riesgo y los costes de sus nuevas operaciones, protegidos por las leyes que se han encargado de diseñar.

Es un sistema profundamente endogámico, y por eso me resulta difícil pensar que parte de sus miembros vayan a traicionarlo. La buena noticia es que podría estar completamente equivocado.

Pero dejemos a un lado el diván y divirtámonos un rato. Una nueva entrega de los vídeos de la campaña por una Tasa Robin Hood, esta vez de la mano de Sir Ben Kingsley. Ya saben que pueden apoyar esta campaña entrando aquí.

video

2 comentarios:

  1. Conocía la tasa Tobin, pero no esta nueva idea. Está claro que si se pueden socializar las pérdidas de los bancos, también se pueden socializar sus ganancias. La cuestión es ¿hay voluntad política de hacerlo?¿No nos amenazarán con la misma catástrofe universal que sirvió de pretexto para las gigantescas inyecciones de capital público tras el descalabro bursátil de octubre de 2008? Y, la pregunta más importante de todas, ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿El FMI?

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  2. Ésas son precisamente las dudas que yo tenía sobre la propuesta. Francamente, creo que aún queda un importante camino por recorrer antes de que algo así salga adelante. Incluso aunque se aprobase, hay muchas dudas de que los recursos vayan a financiar fondos contra el calentamiento global o la pobreza. Pero lo cierto es que es parte de la agenda política del G8, y podríamos encontrarnos con alguna sorpresa interesante en los últimos meses. Puedes seguir los avances de la campaña en la página que indico en mi entrada.

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