jueves, 25 de marzo de 2010

Arrepiéntete, Bill


Bill Clinton no es un cristiano renacido, como su colega George W. Bush, pero también sabe arrepentirse en público si la ocasión lo merece. Esto fue lo que le espetó hace unos días al Comité de Relaciones Exteriores del Senado cuando declaró como enviado especial del Presidente Obama para la crisis de Haití (ver artículo completo aquí):
"Tal vez haya sido bueno para algunos de mis [sic] agricultores en Arkansas, pero no ha funcionado. Fue un error. He tenido que vivir cada día con las consecuencias de que Haití haya perdido su capacidad de producir arroz para alimentar a su gente, debido a las decisiones que yo tomé; nadie más".
Lo verdaderamente sorprendente de esta declaración es que haya tardado tanto en producirse. Lo que sigue es parte de un artículo que escribí hace un par de años a propósito de la volatilidad del precio de los alimentos (me encanta citarme):
Haití se enfrenta hoy a una carestía estructural de arroz, pero hace sólo 20 años sus campesinos eran capaces de producir todo el arroz que consumía la población nacional a un precio razonable. ¿Qué se torció? En 1995, el FMI y el Banco Mundial "sugirieron" la aplicación de un plan de liberalización comercial rápida. Y cuando dicen "rápida" se refieren exactamente a eso: en pocos meses los aranceles a la importación se desplomaron del 50% al 3%, lo que abrió la puerta a una avalancha de arroz subsidiado procedente de los Estados Unidos. Los precios locales disminuyeron levemente, pero en pocos años la producción nacional se desplomó, dejando al país en manos del mercado exterior. Justo antes del terremoto Haití importaba un 80% del arroz que consumía, y los precios internos se habían multiplicado por dos.
Lo lamentable es que este caso es una plantilla del modo en que han operado los mercados agrarios internacionales durante los últimos 30 años: liberalización unilateral de los países más pobres, exportación masiva de productos subsidiados por parte de los países ricos y un sector rural abandonado por donantes internacionales y gobiernos locales. Para países que no cuentan con las divisas para comprar en los mercados internacionales, la dependencia alimentaria absoluta se ha convertido en una ruleta rusa de consecuencias imprevisibles.
Así que sí, Bill; arrepiéntete. Y de paso haz algo para evitar que otros países corran en el futuro la misma suerte que Haití: únete a quienes dentro y fuera de los EEUU reclaman una reforma del sistema de ayuda alimentaria estadounidense (entre quienes no se encuentra la Ministra de Agricultura española, por lo visto), y hazlo ahora que las negociaciones de la OMC aún ofrecen una oportunidad.
Acto de contricción y propósito de enmienda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada