lunes, 17 de enero de 2011

El mundo en 2050

La nota de presentación del correo anuncia un nuevo informe de algún grupo ecologista o de uno de esos académicos liberales que pueblan la blogosfera:
[En este informe] llegamos a la conclusión de que la ruta del bajo carbono hacia 2050 es al mismo tiempo tecnológicamente posible y económicamente atractiva. Pero hay menos confianza en que la demanda global de alimentos pueda ser cubierta en un mundo de crecientes tensiones hídricas, impactos climáticos y pérdida de biodiversidad. Incluso en este campo, sin embargo, la brecha podría ser cubierta con una mejora en los rendimientos [agrarios], la reducción del desperdicio [de alimentos] y los cambios en las dietas.
Y, sin embargo, el informe no ha sido escrito por WWF o por Oxfam, sino por el servicio de estudios del gigante financiero británico HSBC: El mundo en 2050.

Tiempos extraños estos en los que banqueros y activistas dicen cosas similares... ¿o no?

La nota completa (poco más de 30 páginas de lectura, que les recomiendo vivamente) es un canto a la 'realpolitik': el creciente poder económico y demográfico de los países BRICSAM (grandes economías emergentes) y de otras regiones en desarrollo pondrá contra las cuerdas los modelos de crecimiento del mundo desarrollado. No hay nada nuevo en este argumento, aunque algunos de los datos que muestran son francamente ilustrativos. España, por ejemplo, se desplomaría del puesto 8 al 14 en el Ránking Mundial del Tamaño de mi Cartera, lo cual evapora nuestro principal argumento para sentarnos en el G20. Y como la capacidad de propuesta y liderazgo internacional de los gobiernos españoles equivale a la de mi hija de seis años, podemos esperar un futuro brillante en el servicio de habitaciones de las próximas cumbres globales.

De las tendencias demográficas, qué les voy a decir que no les haya dicho ya. La perspectiva de una Europa achacosa en un mundo vibrantemente juvenil debería hacernos reconsiderar las rigideces injustificables de nuestro modelo migratorio (con el permiso, claro, de Marine Le Pen, que declaró ayer inaugurada la nueva generación de partidos europeos idiotas y terroríficos).

Pero lo más interesante del informe es la sección que aborda los retos del calentamiento global y el abastecimiento alimentario del planeta. Con el ilustrativo título de "Más allá del límite", nuestros amigos del HSBC hacen un diagnóstico casi impecable: crecemos en número y capacidad de consumo, y eso está acercando al planeta a peligrosos puntos de agotamiento y 'no retorno'. Los incentivos actuales priman más de lo mismo (por ejemplo, los 557.000 millones de dólares que el gobierno de los EEUU destinó en 2008 a subvencionar los combustibles fósiles) y las previsibles consecuencias naturales, económicas y sociales son sencillamente inaceptables para cualquiera que tenga dos dedos de frente y un sentido básico de la dignidad humana.

Donde el documento parece patinar (aunque solo se apuntan algunos detalles) es en la relación de propuestas. Como muchos otros en la orilla ortodoxa de la economía y la ideología (véase el muy sugerente artículo del mandarín del Banco Mundial Robert Zoellick en el FT la semana pasada), el futuro 'verde y satisfecho' se mide en conceptos como la tecnología y la productividad, lo cuál conlleva, por ejemplo, inversiones en los sectores de la agricultura intensiva de grandes explotaciones. Pero es muy difícil encontrar en estas posiciones un análisis razonado de la eficiencia social, medioambiental y económica de la pequeña agricultura; o de las lecciones que hemos aprendido tras la desaparición del Estado en el juego de fuerzas que enfrenta a mercados y ciudadanos. Quizás porque estén ganado mucho dinero con ello, el HSBC olvida mencionar el papel de la especulación financiera en la volatilidad del precio de los alimentos o la necesidad de introducir incentivos al desarrollo de tecnologías para las familias campesinas (que supone una parte mayoritaria de quienes producen y consumen alimentos en situación de pobreza), siguiendo el ejemplo del sector farmacéutico en el acceso a medicamentos esenciales.

Las coincidencias en el diagnóstico son un paso adelante cuya importancia no debe ser ignorada. Pero no es suficiente. Los retos del hambre y la pobreza en el siglo XXI exigen de nuestros líderes decisiones informadas y tajantes para transformar el orden de prioridades con el que nos hemos desenvuelto hasta ahora, vinculando ecología y equidad de un modo mucho más valiente e innovador.

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