jueves, 9 de septiembre de 2010

Los fundamentos del mercado son sólidos (pero, por si acaso, llene la despensa)

(A propósito de la entrada de ayer)

Hafez Ghanem, Subdirector de la FAO, declara en una entrevista reciente:
Los fundamentos del mercado son sólidos y muy diferentes de 2007-08. A pesar de la caída en la producción de trigo en Rusia, la cosecha de cereales de este año ha sido la tercera más alta de la historia, y los stocks son altos. En estas condiciones no creemos que vayamos camino de una nueva crisis alimentaria (...). El panorama podría cambiar, sin embargo, si se produce un nuevo shock en la producción, debido por ejemplo al mal tiempo, o si las políticas gubernamentales conducen a una mayor ansiedad en los mercados, provocando el pánico por comprar.
Los fundamentos del mercado son sólidos... y sin embargo también lo eran justo antes de 2007, cuando se puso en marcha la peor crisis alimentaria que recuerdan nuestras generaciones. En realidad, todo lo que el Sr. Ghanem sugiere que podría pasar es precisamente lo que pasó. Una mala cosecha en Australia fue seguida de malas cosechas en Asia, y los stocks (que ya se habían visto reducidos por el efecto de los biocombustibles) se redujeron de forma dramática, poniendo en marcha las respuestas de los gobiernos. La restricción de las exportaciones no es un fenómeno que se produce de forma simultánea en medio mundo, sino la consecuencia de una cadena de decisiones en donde el pánico y el populismo ejercen una fuerza irracional. Al menos tan irracional como el comportamiento de los especuladores, que cabalgan sobre el precio de los alimentos sin ningún control significativo por parte de las autoridades financieras.

Rusia ya ha anunciado la congelación de sus exportaciones de cereales al menos hasta el próximo verano. Incluso en ausencia de otras decisiones similares, el precio del trigo es un 64% más alto que hace un año. Mozambique se ha convertido en el primer escenario de la nueva oleada de protestas populares, esta vez con un coste de siete muertos. Y aún está por ver el efecto que tendrán los tiburones financieros una vez que huelan la sangre.

En otras palabras -y como señala Alex Evans en un pedagógico comentario al asunto-, "lo que ocurrió en 2008 no es un mero accidente". Caminamos a zancadas hacia una era en la que la escasez de recursos naturales y la interdependencia del sistema alimentario convertirán esta volatilidad extrema en la regla, no en la excepción.

Lo único sorprendente de todo esto es la esclerosis que han demostrado los países del G20 en su respuesta. No les aburro ahora con los detalles, pero baste decir que se redujo a compromisos financieros no cumplidos, y que ignoró cualquiera de las propuestas que se han puesto sobre la mesa para amortiguar la volatilidad en el precio internacional de los alimentos, desde la introducción de restricciones en el uso de herramientas especulativas hasta la creación de reservas virtuales que permitan compensar las variaciones bruscas de la oferta. El Gobierno español olvidó su entusiasmo por este asunto con la misma rapidez que lo propuso, y sólo Francia parece estar dispuesta a sostener esta bandera dentro de la UE.

Asi que no, los fundamentos del mercado no son tan sólidos.

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