jueves, 23 de septiembre de 2010

Sobre Chávez, para liberales de mal asiento

Si han leído ustedes este blog durante algún tiempo ya sabrán que ni Chavez ni sus palmeros son santo de mi devoción. Pero reconozco que tiendo a irritarme con más facilidad con los discursos vacuos de izquierdas (los de Aznar se califican solos) y a menudo eso me hace perder objetividad. Por eso les sugiero echarle un vistazo al artículo de Miguel Ángel Bastenier en El País de ayer. De un modo sensato e informativo, desgrana algunas de las claves políticas de Venezuela en los días previos a las elecciones legislativas del próximo domingo. 

En particular, recomiendo a otros liberales de culo inquieto que lean con atención su penúltimo párrafo:
El líder bolivariano se ha presentado ante el elector en una quincena de ocasiones y solo en el referéndum de 2007 sobre la reelección indefinida fue derrotado, aunque ganó la batalla en la consulta siguiente. Y eso no se debe a nuevas demarcaciones electorales, que cualquier Gobierno latinoamericano traza sin reparo; ni al hostigamiento de los medios de comunicación, aunque llegue a extremos macondianos, como cuando Exteriores niega a la revoltosa prensa de Caracas hasta el itinerario de los viajes de Chávez al extranjero; ni al abuso de recursos del Estado en apoyo de las candidaturas oficialistas, también práctica común en toda América Latina. Se debe a que el número de pobres ha bajado del 46% a menos de la mitad, y el de indigentes se ha reducido al 6% en 10 años de chavismo; a que el desgobierno en abastecimientos, suministros y libertades afecta mucho más las clases medias que a los desfavorecidos que ahora tienen médico, escuela y productos de primera necesidad subsidiados, así como menos que perder ante una delincuencia que prefiere objetivos más suculentos. El chófer, afrodescendiente, de un importante diario caraqueño le dijo un día a su pasajero, periodista español: "Cuando Chávez pierda el poder yo volveré a ser invisible". Y Teodoro Petkoff, intelectual de servicio de la oposición, nunca ha negado que todas esas elecciones han sido democráticas. El chavismo ha favorecido a más de media Venezuela: la boli-burguesía, o los nuevos ricos del poder, y la lumpen-burguesía, los antiguos pobres que dejaron de serlo.
 Nada de todo esto altera mi escepticismo ante los males menores, pero a veces conviene recordárselo.

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