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viernes, 24 de diciembre de 2010
viernes, 24 de septiembre de 2010
Magnates Sin Fronteras; Aquí no lloverá, pero allí se están pegando tiros; Imbécil, utópica, inútil, populista; El blues más improbable: vínculos que me gustaron
- La lógica es similar en todos los casos: juntan sus primeros 5.000 millones de dólares y ¡venga...! ¡a repartir! Gates, Buffet, Slim y otros magnates han entrado en el debate sobre el desarrollo con armas y bagajes. Esta provocativa pieza del Wall Street Journal defiende que lo mejor que podrían hacer por los países pobres es volver a sus negocios.
- Los efectos del cambio climático no se notan únicamente en su terraza. Alex Evans explica en esta entrada porqué ya no es posible analizar los conflictos del mundo sin considerar el calentamiento global y la escasez de recursos naturales. (La versión completa de su informe, que ha elaborado para el próximo Informe de Desarrollo Mundial del BM, está disponible aquí).
- Xavier Vidal-Folch desmonta en su columna de hoy los principales argumentos en contra de la tasa sobre las transacciones financieras internacionales. Lectura obligada para los miembros de la Asociación Española de la Banca, que tantas buenas oportunidades de callarse han perdido esta semana.
- Y, finalmente, esta joya para frikies de las políticas de desarrollo. Es un blues sobre los APE (acuerdos comerciales que la UE negocia con países de África, Caribe y Pacífico), pero no estoy seguro de que se trate de una herramienta de campaña. Más bien es una especie de trovarización de un policy paper, incluyendo tecnicismos, siglas y toda la jerga que los adorna. Una verdadera pieza kitsch, que investigadores y lobbystas apreciarán en lo que vale...
- Los efectos del cambio climático no se notan únicamente en su terraza. Alex Evans explica en esta entrada porqué ya no es posible analizar los conflictos del mundo sin considerar el calentamiento global y la escasez de recursos naturales. (La versión completa de su informe, que ha elaborado para el próximo Informe de Desarrollo Mundial del BM, está disponible aquí).
- Xavier Vidal-Folch desmonta en su columna de hoy los principales argumentos en contra de la tasa sobre las transacciones financieras internacionales. Lectura obligada para los miembros de la Asociación Española de la Banca, que tantas buenas oportunidades de callarse han perdido esta semana.
- Y, finalmente, esta joya para frikies de las políticas de desarrollo. Es un blues sobre los APE (acuerdos comerciales que la UE negocia con países de África, Caribe y Pacífico), pero no estoy seguro de que se trate de una herramienta de campaña. Más bien es una especie de trovarización de un policy paper, incluyendo tecnicismos, siglas y toda la jerga que los adorna. Una verdadera pieza kitsch, que investigadores y lobbystas apreciarán en lo que vale...
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jueves, 22 de julio de 2010
¿Qué ganan los países pobres con la reforma financiera del Presidente Obama?
Si todo sale como prevén sus impulsores, la reforma legislativa aprobada por el Presidente Obama esta semana contribuirá a reducir el tipo de piruetas bursátiles que están en el origen de esta crisis económica. Para el mundo en desarrollo -que paga nuestros catarros financieros con purgas de empleos, exportaciones y ayuda- sólo este logro debería constituir una buena noticia (si Dios y los bancos centrales no lo remedian, cerca de 100 millones de personas se unirán este año al club de quienes viven en la pobreza extrema, y muchos otros verán su margen de maniobra reducido a cero).
Pero la nueva ofensiva legislativa de la Administración Obama trae otra buena noticia para el desarrollo, una menos evidente: gracias a la iniciativa de dos congresistas demócratas y uno republicano, la nueva ley exige que todas las compañías del sector extractivo (gas, petróleo y minería) registradas en los EEUU declaren con pelos y señales los impuestos que pagan y los ingresos que obtienen en cada uno de los países en los que operan. Esta medida es una vieja reclamación de ONG como Global Witness, que aboga por una mayor transparencia y control como vacuna contra la llamada maldición de los recursos (el camino más rápido hacia la pobreza y la guerra es descubir diamantes o petróleo en tu patio trasero; en este documento encontrarán una explicación didáctica e inteligente del asunto).
No es la única perla de la ley. Los legisladores también han aceptado incorporar disposiciones específicas relativas al conflicto de la República Democrática del Congo (ése que según el ponente de la conferencia de Progreso Africano ya no existe, pero que por ahora se ha cobrado cerca de 6 millones de vidas y en el que la extracción de recursos minerales parece ser determinante). En concreto, la ley exige que aquellas compañías que utilicen componentes como el coltán en la fabricación de sus productos declaren a las autoridades si aquéllos han sido adquiridos en la RDC o en países colindantes.
La medida afecta de modo directo a los fabricantes de tecnología como teléfonos móviles u ordenadores. Precisamente los mismos que habían sido denunciados por la campaña Enough, que airea genocidios y otros crímenes contra la Humanidad menos a la moda. No se pierdan este vídeo de un minuto y medio en el que un Mac y un PC encuentran sus similitudes, ni este otro en el que se explica de forma clara y contundente la vinculación entre los conflictos y las industrias extractivas.
Pero la nueva ofensiva legislativa de la Administración Obama trae otra buena noticia para el desarrollo, una menos evidente: gracias a la iniciativa de dos congresistas demócratas y uno republicano, la nueva ley exige que todas las compañías del sector extractivo (gas, petróleo y minería) registradas en los EEUU declaren con pelos y señales los impuestos que pagan y los ingresos que obtienen en cada uno de los países en los que operan. Esta medida es una vieja reclamación de ONG como Global Witness, que aboga por una mayor transparencia y control como vacuna contra la llamada maldición de los recursos (el camino más rápido hacia la pobreza y la guerra es descubir diamantes o petróleo en tu patio trasero; en este documento encontrarán una explicación didáctica e inteligente del asunto).
No es la única perla de la ley. Los legisladores también han aceptado incorporar disposiciones específicas relativas al conflicto de la República Democrática del Congo (ése que según el ponente de la conferencia de Progreso Africano ya no existe, pero que por ahora se ha cobrado cerca de 6 millones de vidas y en el que la extracción de recursos minerales parece ser determinante). En concreto, la ley exige que aquellas compañías que utilicen componentes como el coltán en la fabricación de sus productos declaren a las autoridades si aquéllos han sido adquiridos en la RDC o en países colindantes.
La medida afecta de modo directo a los fabricantes de tecnología como teléfonos móviles u ordenadores. Precisamente los mismos que habían sido denunciados por la campaña Enough, que airea genocidios y otros crímenes contra la Humanidad menos a la moda. No se pierdan este vídeo de un minuto y medio en el que un Mac y un PC encuentran sus similitudes, ni este otro en el que se explica de forma clara y contundente la vinculación entre los conflictos y las industrias extractivas.
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sábado, 6 de marzo de 2010
El desarrollo 'prêt-à-porter'
El mundo del desarrollo está sujeto a la misma evanescencia que caracteriza al mundo de la moda. Como por arte de magia, aquello que una temporada resulta rabiosamente popular queda repentinamente relegado a la categoría 'démodé'. Una cumbre internacional, una campaña ingeniosa o un simple documental pueden provocar verdaderas transformaciones en la opinión pública, y con ellas en el interés de académicos, políticos y activistas: ¿dónde está la nueva 'bala de plata' contra la pobreza, que me apunto?
Echen si no un vistazo a la última década: el entusiasmo por la abolición de la deuda externa dio paso a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que luego se evaporaron para encumbrar las negociaciones comerciales de la OMC. Hoy todo eso ha quedado ensombrecido por el nuevo astro -el cambio climático- y ya hay quien dice que tras el fracaso de Copenhague conviene ir trasladando el circo a otro lugar.
Lo malo es que los temas pasan de moda, pero no por eso dejan de ser importantes, como demuestra el caso del comercio. Pese a que casi nadie habla de ello (y mucho menos en la OMC), la Ronda de Doha sigue abierta e incorpora la misma carga de riesgos y oportunidades con la que comenzó. Dicho de otro modo, la atención pública sigue siendo tan imprescindible como lo era hace sólo cinco años, cuando pensábamos que el futuro de los países pobres se jugaba en este tablero. (En los próximos días dedicaré un par de entradas a profundizar en este tema, que me arrebató los mejores años de mi juventud.)
¿Hasta qué punto las grandes ONG son víctimas o culpables de este baile? Es cierto que el oportunismo mediático juega un papel importante a la hora de definir las campañas, y eso explica en parte el ritmo con el que cambian las estrategias (dejando en el camino un rosario de profesionales frustrados y ciudadanos desconcertados). Pero, hasta cierto punto, sería una estupidez no actuar de este modo, porque la relevancia pública es sinónimo de relevancia política, y eso implica oportunidades de cambio.
La clave está en encontrar asuntos que puedan ser abordados desde perspectivas diferentes, adaptables a las circunstancias. El derecho de las familias campesinas a una vida digna, por ejemplo, se puede reivindicar de muchas maneras: el fin del dumping exportador de los países ricos, que hunde sus ingresos; los riesgos del calentamiento global, que amenaza la productividad de sus explotaciones; o la caída de la ayuda internacional, que limita la construcción de su infraestructura.
Así que, éste es mi consejo de hoy, amiguitos: en el activismo, como en la moda, conviene adaptarse de forma inteligente a las circunstancias. Yo aprendí esta lección de forma amarga, cuando descubrí que la atención que despertaba en mis intervenciones públicas no se debía tanto a mi oratoria churchilliana como a los pantalones de campana y las chaquetas entalladas 'Príncipe de Gales' heredadas de mi padre. Imaginen a Manolo Escobar hablando del cambio climático en el Ateneo, y se aproximarán bastante a mi drama.
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