Cómo ha cambiado mi España, querido Durruti... Cuelgo hace un par de días una entrada cáustica sobre los obispos y lo más que recibo son unas pocas felicitaciones. Pero, ¡ay, quien se meta con el agua embotellada! ¡Por ahí no pasan! Y como resulta que la contestación que he recibido de una amiga está bien informada y ofrece un punto de vista inteligente, se la ofrezco aquí al completo. No estoy seguro de aceptar todos sus argumentos, pero está claro que su autora conoce bien la sutilezas de un consumo responsable:
Vivimos en una época donde la sobrecarga informativa es impresionante. Nunca antes tuvimos acceso a tanta información y tan rápido.
Entre toda esa información que nos llega resulta difícil distinguir cuál es veraz y cuál no, cuál es limpia y pura, y sólo persigue un fin informativo y cuál es tendenciosa, dirigida por algún colectivo que persigue un bien especifico, normalmente vinculado a posicionar sus productos y echar a sus competidores fuera del mercado.
Ayer se publicaba aquí una entrada sobre el agua embotellada. Hace un par de años tuve la oportunidad de trabajar para los embotelladores de agua españoles y aprendí muchas cosas sobre el agua embotellada que no se mencionan en el documental.
Lo primero es que hay muchos tipos de agua embotellada. En España el agua embotellada es mineral natural, no tratada, extraída directamente de manantial. En general se trata de un negocio con una distribución de carácter regional que además asegura la conservación del entorno circundante al manantial. Esto nada tiene que ver con las aguas que se consumen por ejemplo en Estados Unidos, que son aguas tratadas y precedentes de fuentes muy diversas (algunas incluso del propio grifo).
Otro de los puntos importantes es que el agua embotellada no compite con el agua de grifo. No sería justo comparar un bien de primera necesidad como es el agua de grifo, al que todo el mundo tiene derecho, con un bien de consumo opcional como es el agua de botella, que estaría mas bien dentro del sector del refresco. Es decir, que a la hora de consumir un refresco, podemos elegir entre una Coca-cola, que por cierto también va embotellada en un PET, no nos olvidemos de esto, o un agua, que además en el caso de España es mineral natural.
Cierto es que algunos restaurantes nos ponen botellas de agua mineral natural en lugar de agua de grifo, pero aquí hay dos cosas a tener en cuenta: la primera es que las botellas que se usan en restauración suelen ser de cristal, reutilizables o/y reciclables, por lo que la controversia del envase no tiene cabida, y por otro lado, que nadie nos obliga a ir a dichos restaurantes, podemos elegir y exigir, y se trata de una opción de consumo, no de un derecho básico.
Dicho esto en realidad sólo quiero llamar la atención sobre el hecho de que estamos rodeados de sistemas de envasado que son un desastre absoluto, como los que ofrecen los supermercados para 4 manzanas, o 5 lonchas de jamón, o 100 gr de queso. ¿No les resulta curioso que a día de hoy no se haya hecho una campaña global contra esto pero desde hace años haya un feroz campaña contra el agua embotellada? Y, ¿por qué no una campaña contra la Coca-cola o la Fanta que también están embotelladas en PET? Imaginemos por un instante que el agua embotellada desaparece… creo que dicho esto no hay mucho más que añadir.
Ayer publiqué un controvertido artículo sobre la homeopatía, incidiendo en este mismo enfoque: el consumo es democracia, podemos elegir, y las grandes multinacionales lo saben muy bien y llevan años dedicando mucho esfuerzo y dinero en ganar nuestro voto. No lo olvidemos, seamos cautos.