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martes, 15 de febrero de 2011

Abróchense el cinturón: continúa el Día de la Marmota en la escalada de precios de los alimentos

Todo es una especie de pesadilla repetida en el tablero alimentario mundial:

Uno: incremento suave pero imparable de la demanda asiática (China e India, muy especialmente). Las expectativas de crecimiento en las grandes economías emergentes continúan a buen ritmo, lo que significa que su clase media querrá cada vez más carne, pescado y frutas. Claudi Pérez publicaba en El País de este domingo un excelente resumen del estado de la cuestión.

Dos: vaivenes de producción provocados por fenómenos naturales (sequías en Rusia y Australia; inundaciones en Pakistán). En este frente lo peor puede estar aún por venir, con importantes productores regionales como China asomándose al abismo de sequías prolongadas.

Tres: medidas apresuradas de acopio de alimentos y restricción de las exportaciones en destacados productores, como Ucrania e India,  y aceleradas por las alteraciones políticas en el Norte de África.

Cuatro: los EEUU mirando al cielo y pisando el acelerador de su insensata política de biocombustibles (Europa también, no vayan a creer que han visto la luz; pero el efecto del bioetanol sobre el mercado de maíz es aún mucho más grave). No dejen de leer las excelentes piezas de Javier Blas en el Financial Times sobre estos asuntos.

Cinco: un efecto tangible pero no cuantificado de la especulación financiera, nuevo mantra de Monsieur le Président (que, sin embargo, no ha encontrado un hueco para hablar de la responsabilidad de la política agraria europea en todo este jaleo). Duncan Green se refiere en esta entrada a la polémica sobre el papel de la especulación en la crisis.

Seis: la volatilidad de los precios dispara el acaparamiento de tierras en regiones como África y América Latina. Si el asunto les interesa, asómense a la página farmlandgrab.org. Números que marean e incontables ejemplos en español, francés e inglés.

Y siete: esclerosis galopante de la comunidad internacional, incapaz de tomar medidas significativas en alguno de estos campos.

La única razón por la que no se ha desatado todavía una crisis alimentaria más grave que la anterior es porque los precios del arroz y del trigo permanecen bajo control. Pero todo es cuestión de tiempo. En la jungla del mercado alimentario, abróchense los cinturones.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Crisis alimentaria en el Sahel: regreso al futuro

Más de diez millones de personas -mujeres y niños en su mayoría- fueron víctimas del hambre a lo largo de 2010 en la región del Sahel (Niger, Chad, Malí y Burkina Faso). El número de muertes directas derivadas del hambre en esta región es escalofriante, pero la desnutrición crónica que padece un 20 por ciento de la población tiene efectos económicos y sociales que van mucho más allá de los titulares. Las hambrunas determinan el futuro y las oportunidades de generaciones enteras, condenando a millones de comunidades a la ansiedad y la inseguridad, cuando no a la emigración de sus miembros más capaces. Resulta difícil comprender la violencia extrema que se esconde tras esta situación.

El Sahel constituye una tormenta perfecta en la que la escasez económica, el desgobierno político y la hostilidad climática se ceban sobre la población vulnerable para convertir las crisis alimentarias en la regla, antes que en la excepción. La creciente escasez y variabilidad de las lluvias ha tenido efectos devastadores en economías que dependen en gran medida de la agricultura de secano y la ganadería trashumante. Gobiernos locales y donantes internacionales responden tarde con una estrategia falta de recursos y coordinación. Todas las lecciones importantes que la comunidad internacional ha aprendido acerca de la ayuda alimentaria de corto plazo son dolorosamente ignoradas en el caso del Sahel.

Este rosario de errores y agravios están descritos en un informe publicado conjuntamente por Oxfam Internacional y Bilital Maroobe (una red de organizaciones ganaderas de la región). La conclusión principal de esta investigación constituye una señal de alarma para todos nosotros: lo que ahora ocurre en el Sahel es una fotografía de los problemas que han de llegar para otras muchas regiones en desarrollo. El hambre del futuro debe ser considerada en una era de recursos naturales limitados, en donde los retos de la equidad y la ecología aparecen inevitablemente imbricados.

Las recetas que se proponen en el informe deberían figurar con letras de molde en la agenda del desarrollo de la próxima década. Una reconsideración profunda de las prioridades y los instrumentos que rigen el sistema alimentario global. A riesgo de aburrirles, insisto en ellas una vez más:

  • inversiones estables y suficientes en una agricultura adaptada a los efectos del calentamiento global. 
  • establecer mecanismos que reduzcan (o amortigüen) la volatilidad extrema del precio de los alimentos, que castiga a productores y consumidores pobres a partes iguales. (Atentos, por ejemplo, a las consecuencias que puede tener en los precios del maíz la extensión de las ventajas fiscales al bioetanol que acaba de aprobar el Congreso de los EEUU).
  • fortalecer de las capacidades y la coordinación de la sociedad civil y las organizaciones campesinas. 
  • mejorar la calidad y la pertinencia de la ayuda humanitaria de corto plazo.
Diez millones de personas. Feliz Navidad.

martes, 19 de octubre de 2010

¿Y si comprásemos Luxemburgo?

Durante los próximos meses van a leer en este blog entradas cada vez más frecuentes acerca de los retos del desarrollo en un mundo de recursos naturales limitados. La producción agraria global ha ido creciendo durante décadas, impulsada por un incremento del rendimiento y una expansión de la tierra cultivable. Y aunque la cosecha de 2008 fue la más grande de la historia, en siete de los ocho años que transcurrieron entre 2000 y 2008 el consumo mundial estuvo por encima de la producción.

Deberíamos leer estos datos como la señal de alarma sobre los problemas que vendrán: existe una demanda global creciente para unos recursos agrarios cada vez más limitados. Un mundo en el que el consumo de proteínas y calorías continuará creciendo a medida que crezca el número y el ingreso medio de la población mundial (9.200 millones de habitantes en 2050, según la ONU) y en la que los compromisos de reducción de emisiones obligarán a producir de forma radicalmente diferente (hoy cerca de un 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero proceden de la producción agraria). 

La escasez y los límites naturales determinarán en poco tiempo la producción global y el acceso a los alimentos. No es exagerado decir que el hambre del futuro dependerá en gran parte de tres recursos escasos: la tierra, cada vez más disputada; el agua, cada vez más escasa; y el CO2, cuyas emisiones deberán reducirse de forma dramática en los próximos años. Lo que hagamos en estos asuntos definirá en parte la estabilidad y la prosperidad del planeta.

Y, para abrir boca, les propongo la lectura de esta concisa descripción del problema de la apropiación de tierras, un asunto del que, desgraciadamente, oiremos hablar cada vez más: ¿Qué es la apropiación de tierras y por qué nos debe preocupar? Esta escrita por mi colega Duncan Pruett, que dirige el trabajo de Oxfam en esta ámbito. El comienzo es sugerente:
Imagina que una única empresa compra de una sola tacada una superficie comparable a la de Hampshire o Luxemburgo, o la mitad de la Toscana, o Maryland, o Schleswig Holstein. Imagina que antes de comenzar a cultivar, probablemente colza, corta todos los bosques sin consultar con nadie y expulsa a los agricultores y otros habitantes de la zona.

sábado, 18 de septiembre de 2010

El mayor reto ético

Publicado estos días en los medios del Grupo Vocento. Disculpen si me repito.

El mayor reto ético
Gonzalo Fanjul Suárez. Asesor Estratégico de Intermón Oxfam
Dentro de pocos días se levanta en Nueva York el telón de la Cumbre de los Objetivos del Milenio, que aglutina a líderes políticos de todo el mundo coincidiendo con la Asamblea General de la ONU. Desgraciadamente, no será una ocasión para muchas alegrías. Cuando faltan sólo cinco años para alcanzar la fecha límite establecida por la comunidad internacional empieza a ser evidente que los esfuerzos por reducir la pobreza extrema, frenar la pandemia del SIDA o extender la educación universal y la salud primaria han sido sencillamente insuficientes.
En parte este fracaso es presupuestario. Los compromisos de los países desarrollados en materia de cooperación corren camino de convertirse en el increíble fenómeno de los presupuestos menguantes. España, por ejemplo, ya ha anunciado un recorte de 800 millones de euros a lo largo de los tres próximos años, mientras que el Gobierno británico ha optado por alinear la ayuda con sus intereses estratégicos en países como Afganistán.
Pero resulta aún más preocupante la incapacidad de gobiernos donantes y receptores a la hora de reducir la vulnerabilidad extrema de las comunidades más pobres, de la que dependen en buena medida los avances del desarrollo. Los últimos años son sólo una muestra de la tormenta perfecta hacia la que se encaminan algunas regiones, como África subsahariana. La volatilidad del precio de los alimentos, los shocks financieros y las emergencias ecológicas anuncian un mundo en el que las crisis serán la regla y no la excepción. En este contexto el bienestar de individuos y comunidades depende más de la educación, la salud o el crédito que de los niveles de ingreso.
La lucha contra el hambre constituye un buen ejemplo de porqué las respuestas lineales, basadas únicamente en el desembolso de recursos, son insuficientes para alcanzar los Objetivos del Milenio. El Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) acaba de anunciar que el número total de quienes pasan hambre es de 925 millones de personas, la mayor parte de ellas en África y el sur de Asia. Esta cifra, que supone una caída de casi 100 millones con respecto a 2008 y la primera reducción significativa del hambre en quince años, sería una noticia excelente si no fuese porque está mucho más relacionada con el azar que con la acción política y económica: las mismas variaciones climáticas que destruyeron dos cosechas consecutivas en Australia y en Asia hace cuatro años han provocado en estos dos últimos una de las producciones de alimentos más altas de las últimas décadas, lo cual ha reducido los precios e incrementado el abastecimiento de la población. Una realidad que podría cambiar tras los incendios de Rusia y la inundación de las regiones cerealeras en Pakistán.
El hecho es que la respuesta internacional a la crisis del precio de los alimentos en 2007-08 se limitó a aprobar una partida de ayuda alimentaria de emergencia y a comprometer unos fondos de ayuda a la agricultura que resultaron ser un reempaquetado de compromisos anteriores. Como ha denunciado recientemente la ONG Intermón Oxfam, estas medidas fueron completamente insuficientes y existen posibilidades reales de nuevas hambrunas si no se dan los pasos necesarios.
En el corto plazo la prioridad es reducir la volatilidad de los precios y garantizar la protección de las comunidades más vulnerables. Las medidas que EEUU ya ha aprobado –y que Europa está considerando ahora- para regular el uso de productos financieros derivados permitirán amortiguar el efecto de la especulación en los mercados agroalimentarios. También es urgente revisar la insensata política de biocombustibles, que ha tenido efectos devastadores sobre la oferta mundial de alimentos, establecer reservas internacionales y garantizar el derecho de los países pobres a proteger sus mercados e incrementar los niveles de autosuficiencia.
En el largo plazo serán necesarias respuestas aceptables a preguntas complicadas: una población pobre cada vez más numerosa debe hacer frente a un mercado alimentario cada vez más volátil en un contexto natural restrictivo. Dicho de otro modo, el problema no es sólo alimentar a los 925 millones de personas que pasan hambre hoy sino explicar qué haremos en 2030, cuando el incremento de la población y las limitaciones climáticas obliguen a producir un 50% más de alimentos con un 90% menos de carbono.
No existe un reto ético más fundamental. Como recordaba hace poco un ambicioso estudio sobre los efectos de este problema en Guatemala, la desnutrición de un niño durante los primeros 36 meses de vida determina por completo sus futuras capacidades físicas y cognitivas. Generaciones completas en decenas de países pobres están viendo su futuro hipotecado por el hambre. 36 meses: ésa es la cifra que el Presidente Zapatero y otros líderes internacionales deben tener muy presente cuando se reúnan la próxima semana.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Los fundamentos del mercado son sólidos (pero, por si acaso, llene la despensa)

(A propósito de la entrada de ayer)

Hafez Ghanem, Subdirector de la FAO, declara en una entrevista reciente:
Los fundamentos del mercado son sólidos y muy diferentes de 2007-08. A pesar de la caída en la producción de trigo en Rusia, la cosecha de cereales de este año ha sido la tercera más alta de la historia, y los stocks son altos. En estas condiciones no creemos que vayamos camino de una nueva crisis alimentaria (...). El panorama podría cambiar, sin embargo, si se produce un nuevo shock en la producción, debido por ejemplo al mal tiempo, o si las políticas gubernamentales conducen a una mayor ansiedad en los mercados, provocando el pánico por comprar.
Los fundamentos del mercado son sólidos... y sin embargo también lo eran justo antes de 2007, cuando se puso en marcha la peor crisis alimentaria que recuerdan nuestras generaciones. En realidad, todo lo que el Sr. Ghanem sugiere que podría pasar es precisamente lo que pasó. Una mala cosecha en Australia fue seguida de malas cosechas en Asia, y los stocks (que ya se habían visto reducidos por el efecto de los biocombustibles) se redujeron de forma dramática, poniendo en marcha las respuestas de los gobiernos. La restricción de las exportaciones no es un fenómeno que se produce de forma simultánea en medio mundo, sino la consecuencia de una cadena de decisiones en donde el pánico y el populismo ejercen una fuerza irracional. Al menos tan irracional como el comportamiento de los especuladores, que cabalgan sobre el precio de los alimentos sin ningún control significativo por parte de las autoridades financieras.

Rusia ya ha anunciado la congelación de sus exportaciones de cereales al menos hasta el próximo verano. Incluso en ausencia de otras decisiones similares, el precio del trigo es un 64% más alto que hace un año. Mozambique se ha convertido en el primer escenario de la nueva oleada de protestas populares, esta vez con un coste de siete muertos. Y aún está por ver el efecto que tendrán los tiburones financieros una vez que huelan la sangre.

En otras palabras -y como señala Alex Evans en un pedagógico comentario al asunto-, "lo que ocurrió en 2008 no es un mero accidente". Caminamos a zancadas hacia una era en la que la escasez de recursos naturales y la interdependencia del sistema alimentario convertirán esta volatilidad extrema en la regla, no en la excepción.

Lo único sorprendente de todo esto es la esclerosis que han demostrado los países del G20 en su respuesta. No les aburro ahora con los detalles, pero baste decir que se redujo a compromisos financieros no cumplidos, y que ignoró cualquiera de las propuestas que se han puesto sobre la mesa para amortiguar la volatilidad en el precio internacional de los alimentos, desde la introducción de restricciones en el uso de herramientas especulativas hasta la creación de reservas virtuales que permitan compensar las variaciones bruscas de la oferta. El Gobierno español olvidó su entusiasmo por este asunto con la misma rapidez que lo propuso, y sólo Francia parece estar dispuesta a sostener esta bandera dentro de la UE.

Asi que no, los fundamentos del mercado no son tan sólidos.

viernes, 11 de junio de 2010

Owen tiene una bola; la tierra para el que la trabaja (sin emisiones); todo (y sólo) lo que usted debería saber sobre el conflicto de Oriente Próximo; piensa en grande con vídeos cortos: vínculos que me gustaron

- Owen Barder, blog-star de la cooperación, estuvo esta semana en Madrid presentando un trabajo colectivo sobre la pertinencia y el gobierno de la ayuda al desarrollo. Recordé que había guardado una interesante entrada suya fantaseando sobre las tendencias globales que van a definir el desarrollo en los próximos años. ¿Nada que hacer en las calurosas noches veraniegas? Júntese con otros juerguistas, preparen unos cócteles y entreténganse elaborando sus propias teorías.

- Muchos de ustedes estarán familiarizados con las presiones que algunos países y compañías ejercen sobre la producción de alimentos en África. Alex Evans (autor de un informe fascinante sobre los retos del hambre en los próximos años) escribía hace unos días sobre la penúltima amenaza en este campo: el efecto de los mercados de carbono sobre el control de la tierra cultivable o reforestable. O, mejor dicho, porqué deberíamos preocuparnos cuando un Estado débil negocia con un empresario avispado. Tendremos oportunidad de hablar más sobre este asunto.

- A propósito de la polémica dimisión de la periodista Helen Thomas, Samuel Ricardo me envía este vínculo a un documental francamente interesante sobre la guerra de medios que rodea la guerra de fusiles en Oriente Próximo. Esclarecedor.

- Y, finalmente, una nueva pista para los amantes de las ideas encapsuladas. Si hace unos días les hablaba de TED.com, mi amiga María Folqué me sugiere la página Big Think. Vídeos breves (unos 3') sobre los asuntos más diversos. Una nueva referencia anglosajona, claro, pero ése es un vicio muy feo que tengo y no lo puedo evitar.

viernes, 21 de mayo de 2010

De la necesidad, virtud

Varios países de la OCDE se plantean el modo de regular mejor los mercados financieros. Un asunto extremadamente complejo, pero que casi nadie que carezca de un bonus cuestiona. Como sé que Obama y Merkel no pierden comba de este blog (Sarkozy se dio de baja tras la entrada sobre la PAC; Zapatero entró, luego canceló y ahora ha anunciado que se lo está pensando; de la Vega lo niega) quisiera ofrecerles alguna información sobre un aspecto de este debate que me interesa particularmente: el efecto de la especulación financiera sobre la volatilidad del precio de los alimentos.

  • Para abrir boca, Duncan Green repasa en esta entrada los datos fundamentales de la volatilidad de precios y de su efecto sobre el hambre en el mundo.
  • La organización holandesa SOMO ha publicado recientemente un ilustrativo (y accesible) análisis de este asunto. Sepan cómo la escalada de los precios atrajo a los especuladores de grandes firmas como Goldman Sachs y J.P Morgan, que se ocuparon de desarrollar instrumentos derivados e índices combinados de materias primas que multiplicaron las piruetas financieras y el riesgo asociado a ellas.
  • En este documento de la FAO encontrarán una descripción exhaustiva de las causas que generaron el aumento y la caída del precio de los alimentos. Ellos son más cautos con respecto al papel original de los mercados financieros. Dicho de forma simple, sugieren que los especuladores siguieron a los precios altos, más que al contrario. Pero no niegan su efecto en la volatilidad.
  • Y lo mejor de todo: uno de los testimonios que se escuchó en el Senado de los EEUU cuando su Comisión de Interior debatió este mismo asunto en mayo de 2008. Michael W. Masters, fundador de la gestora de inversiones Masters Capital Management (y por lo tanto poco habitual en las concentraciones antisistema) explica profusamente porqué todos deberíamos estar muy preocupados por este asunto. En un momento de su intervención, el bueno de Michael espeta a los miembros del Congreso (mayo de 2008, recuerden): "¿Es necesario que la economía de los EEUU padezca una nueva crisis financiera, creada por nuevas técnicas de inversión cuyas consecuencias han escapado una vez más a las previsiones de sus creadores en Wall Street?"
¿Era necesario? Pues eso parece. Ahora veremos si de todo esto sale algo bueno.