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miércoles, 26 de enero de 2011

Nacidos para no morir

Save the Children International es una de las ONG más interesantes del panorama global. De la mano de un equipo brillante que ha combinado presencia sobre el terreno, capacidad de innovación y coraje político, esta organización está protagonizando un recorrido ilusionante hacia la nueva generación de grandes ONG que liderará nuestro sector en el siglo XXI.

Un buen ejemplo de esta deriva es la campaña que lanzaron el pasado lunes: No Child Born To Die. El mensaje es tan simple como devastador: ocho millones de niños mueren cada año antes de cumplir los cinco por razones perfectamente evitables, como las infecciones respiratorias o la diarrea. Son cuatro millones menos que en 1990, pero ocho millones más de los que son necesarios. Y se pueden hacer muchas cosas para cambiarlo.

Las causas de esta catástrofe moral están detalladas en el informe que presenta la campaña y que pueden descargar aquí. Un cóctel que les sonará familiar: compromiso insuficiente por parte de gobiernos nacionales y donantes internacionales. Si solo cinco de los países africanos -región en la que se concentran los niveles de mortalidad infantil más acuciantes- ha cumplido el compromiso de destinar un 15% de sus presupuestos a los gastos de salud, la trayectoria de los donantes no tiene mucho más lustre. Save the Children calcula que el esfuerzo internacional en este ámbito es un tercio de lo que necesita la salud de los niños y de sus madres.

La agenda para el cambio está detallada alrededor de dos grandes ejes: programas de inmunización y personal sanitario. En ambos casos las soluciones incluyen una combinación de recursos económicos y de imaginación política. Los avances de la Alianza Global para la Vacunación y la Inmunización, por ejemplo, ofrecen pistas sobre cómo gobiernos, sector privado y sociedad civil pueden aliarse para reducir los precios de las vacunas y garantizar un suministro extenso y adecuado.

Piensen en cada uno de esos ocho millones de niños como un hijo propio. A mí me ayuda a establecer prioridades.


jueves, 18 de noviembre de 2010

Niños

El nacimiento de mis hijos transformó el modo en el que entiendo la pobreza. La paternidad multiplica la empatía y permite comprender mejor la ansiedad o las esperanzas de unos padres que se enfrentan a la educación, la salud o la alimentación de sus hijos. Y la tragedia de no poder cumplir sus expectativas.

Leo anoche el espléndido informe hecho público por el Comité Español de UNICEF sobre La infancia en España 2010-11. El documento revela la inquietante realidad de cerca de dos millones de menores en nuestro país (1 de cada 4), cuyas familias viven en la pobreza o muy cerca de ella. Por primera vez desde que fue creado en España, UNICEF profundiza en los retos pendientos en la aplicación de la Convención sobre los Derechos del Niño aprobada hace dos décadas, y con ello entra con argumentos en un debate demasiado reducido a funcionarios y académicos. [De hecho, una de las mejores noticias de este trabajo es mostrar la ilusionante deriva que está tomando esta organización en los últimos tiempos.]

Qué les puedo decir que no les haya dicho ya... Con este informe UNICEF subraya la misma idea que debería lucir en el fondo de pantalla de nuestros ordenadores: esta crisis no debe ser reducida a una batalla entre pobres. Las sociedades decentes y los gobiernos inteligentes se ponen del lado de las víctimas, estén donde estén. Cuando escuchen hablar de menores españoles en riesgo social, de inmigrantes irregulares, de víctimas del cólera en Haití o de refugiados saharauis, no se equivoquen: es la misma música con diferentes letras.

miércoles, 2 de junio de 2010

¿De dónde vienen los padres de los niños?

William Easterly, académico y provocateur, publica este mapa demoledor en su blog:


Han leído bien: una buena parte de los padres y madres de África se enfrentarán a lo largo de su vida a la tragedia de ver morir a un hijo.

Sugiero que los ministros de interior e inmigración europeos se hagan un estampado con este mapa y lo pongan de cortina en sus despachos, baños y coches oficiales. No echarán de menos a la resma de asesores que tendrán que despedir a mayor gloria de los sres. Fitch y Moody's.